La apologética cristiana - ¿quién la necesita?Para
empezar, creo que debemos distinguir entre la necesidad de la
apologética y su utilidad. La distinción es importante. Porque aun si la
apologética no resultara ser absolutamente necesaria, no se concluye de
ello que es, por lo tanto, inútil. Por ejemplo, no es necesario saber
escribir a máquina para usar una computadora, puedes escribir de a
dedazo, como yo; sin embargo las habilidades para escribir a máquina son
muy útiles al usar una computadora. Dicho de otra manera, no es
necesario mantener tu bicicleta en buen estado para ir en ella, pero
puede ser un verdadero beneficio mantenerla bien engrasada. De la misma
manera, la apologética cristiana puede ser de gran utilidad aun si no es
necesaria para algún fin. Así que, no solamente necesitamos preguntar
respecto a la apologética cristiana, ¿Quién la necesita? sino también
¿Para qué sirve?
La apologética cristiana puede definirse como
aquella rama de la teología cristiana, que busca presentar una
justificación racional para las verdades expresadas del cristianismo.
Aquéllos que tratan a la apologética como si no tuviese importancia,
tienden a medir el valor de la apologética enfocándose en su supuesta
necesidad de garantizar la creencia cristiana. Algunos pensadores,
particularmente en la tradición reformada holandesa, ven este rol como
innecesario y a veces hasta equivocado.
Ahora, estoy completamente
de acuerdo con los modernos y así llamados epistemólogos reformados,
como Alvin Plantinga, en cuanto a que: los argumentos apologéticos y la
evidencia no son necesarios para que la creencia cristiana sea
justificada para alguien. El argumento de los racionalistas teológicos
(o evidencialistas, como se les llama falsamente hoy en día) de que la
fe cristiana es irracional en la ausencia de evidencia positiva es
difícil de armonizar con la Escritura, la cual parece enseñar que la fe
en Cristo puede establecerse inmediatamente por el testimonio interior
del Espíritu (Ro. 8.14-16; 1 Jn. 2.27; 5.6-10) de tal manera que el
argumento y la evidencia se vuelven innecesarios. He caracterizado en
alguna otra parte el Testimonio del Espíritu Santo como autenticado por
sí mismo, y con eso quiero decir (1) que la experiencia del Espíritu
Santo es verídica e inequívoca (aunque no necesariamente irresistible o
indubitable) por aquél que le tiene o le atiende; (2) que esa persona no
necesita argumentos suplementarios o evidencia para conocer y saber con
certeza que él está de hecho experimentando el Espíritu de Dios; (3)
esta experiencia no funciona en este caso como una premisa en ningún
argumento desde una experiencia religiosa a Dios, sino que es
experimentar a Dios mismo inmediatamente. (4) que en ciertos contextos
la experiencia del Espíritu Santo implicará la comprensión de ciertas
verdades de la religión cristiana como; "Dios existe, "Estoy
reconciliado con Dios", "Cristo vive en mí", etc.; (5) que esa
experiencia le proporciona a uno, no solamente una certidumbre subjetiva
de la verdad del cristianismo, sino también un conocimiento objetivo de
esa verdad; y (6) que la evidencia y los argumentos incompatibles con
esa verdad quedan sin efecto por la experiencia del Espíritu Santo por
aquél que le atiende totalmente.
Los cristianos evidencialistas
pudieran insistir en que, aun si la creencia cristiana pudiera
justificarse en la ausencia de argumentos apologéticos positivos,
incluso así, uno debe tener, al menos, los recursos apologéticos de
defensa para vencer las diversas objeciones con las que uno se ve
confrontado. Pero todavía, esa afirmación más modesta es apresurada,
porque si el testimonio del Espíritu Santo en la vida de una persona es
lo suficientemente poderoso (como debiera ser), entonces simplemente
destruirá los argumentos que vengan en contra de las creencias
cristianas de esa persona, y de este modo, eliminando incluso la
necesidad de la apologética defensiva. Un creyente, que desconoce o que
está pobremente equipado para refutar argumentos anticristianos, está
justificado en creer, con base en el testimonio del Espíritu, aún ante
tales objeciones. Incluso una persona que se enfrenta con lo que para él
son objeciones sin respuesta para el teísmo cristiano está, debido a la
obra del Espíritu Santo, dentro de sus derechos epistémicos—no, bajo
obligación epistémica—de creer en Dios. Ya que las creencias basadas en
el testimonio objetivo y verídico del Espíritu son parte de la
emancipación invencible de la razón, la fe del creyente está
justificada, aunque esté completamente privada de argumentos
apologéticos (como es el caso de la mayoría de los cristianos hoy en día
y a través de la historia de la Iglesia).
Por el contrario, el
cristiano evidencialista se enfrenta con serias dificultades: (1)
Negaría el derecho a la fe cristiana a todos los que no tienen la
habilidad, tiempo y oportunidad de entender y evaluar los argumentos y
la evidencia. La consecuencia sería, sin duda, consignar incalculables
millones de personas que son cristianas a la incredulidad. Sin embargo,
la Escritura dice que todos los hombres están sin excusa por no
responder a la revelación que tienen (Ro.1.21). (3) Esta perspectiva
crea un tipo de élite intelectual, un sacerdocio de filósofos e
historiadores, que dictarán a las masas si es racional o no creer en el
Evangelio. Pero, sin duda, la fe está disponible para todos los que, en
respuesta al llamado del Espíritu, invocan el nombre del Señor. (4) La
fe está sujeta a los caprichos de la razón humana y a las tierras
movedizas de la evidencia, haciendo la fe cristiana, racional en una
generación, e irracional en la siguiente. Pero el testimonio del
Espíritu hace a cada generación contemporánea con Cristo, y así asegura
una base firme para la fe.
Así que, no creo, de hecho, que la
apologética sea necesaria para que la creencia cristiana se garantice.
Pero no se concluye por ello que la apologética cristiana sea, por lo
tanto, sin valor o de ningún beneficio en justificar la fe cristiana. Si
los argumentos de la teología natural y las evidencias cristianas son
acertados, entonces la creencia cristiana está justificada por esos
argumentos y evidencias, para que la persona las entienda, aún cuando
esa persona estaría justificada en la ausencia de éstos. Esta persona
está doblemente justificada en su creencia cristiana, en el sentido de
que disfruta de dos fuentes de garantía.
Se pueden visualizar los
grandes beneficios que se tienen de esa doble garantía en las creencias
cristianas de uno. Teniendo argumentos válidos para la existencia de
Creador y Diseñador del universo o evidencia para la credibilidad
histórica de los registros del Nuevo Testamento de la vida de Jesús,
además de que el testimonio del Espíritu podría incrementar la confianza
de uno en cuanto a la veracidad de las verdades cristianas expresadas.
En el modelo epistemológico de Plantinga, al menos, uno tendría entonces
mayor garantía por creer tales afirmaciones. Mayor garantía podría, a
su vez, guiar a un incrédulo venir a la fe más fácilmente, o inspirar a
un creyente a compartir su fe de forma más audaz. Además, el disponer de
una garantía independiente para las verdades cristianas expresadas,
aparte del testimonio del Espíritu, podría ayudar a predisponer al
incrédulo a responder al llamado del Espíritu Santo cuando escuche el
Evangelio, y al creyente podría proporcionarle apoyo epistémico en
momentos de sequedad espiritual o duda, cuando el testimonio del
Espíritu parece eclipsado. Uno puede, sin duda, pensar en muchas otras
maneras en las que puede ser provechoso para las creencias cristianas
poseer esa garantía.
Así que la pregunta es: ¿la teología natural y
las evidencias cristianas garantizan la creencia cristiana? Pienso que
así es. En mi trabajo publicado he formulado y defendido versiones de
los argumentos cosmológico, teleológico, axiológico y ontológico a favor
de la existencia de Dios, y también he defendido el teísmo en contra de
las objeciones más prominentes que los pensadores ateos albergan para
creer en Dios, como el problema del mal, lo oculto de Dios y la
coherencia del teísmo. Además, he argumentado a favor de la autenticidad
de las afirmaciones personales y radicales de Jesús y la historicidad
de su tumba vacía, sus apariciones después de su muerte a varias
personas y grupos. Y la creencia inesperada de los primeros discípulos
de que Dios lo levantaría de los muertos. Asimismo, haciendo uso de los
criterios estándares para evaluar las hipótesis históricas, he
argumentado que la mejor explicación de los hechos, es aquella dada por
los mismos apóstoles: Dios levantó de los muertos a Jesús.
Si
estos argumentos son correctos, entonces la creencia del teísmo
cristiano se justifica por la teología natural y las evidencias
cristianas, así como, también por el testimonio interno del Espíritu
Santo. Así que, aunque los argumentos apologéticos no son necesarios
para saber que el cristianismo es verdadero, aún así son suficientes, y
esta doble justificación para las creencias cristianas puede ser de gran
ventaja. Por lo tanto, el éxito de la Epistemología Reformada y el
fracaso del Racionalismo Teológico de ninguna manera implica que la
apologética sea inservible o sin importancia.
Más que eso: aun si
la apologética cristiana no es necesaria en cuanto a que garantice la
creencia cristiana, la apologética cristiana puede ser de provecho y
hasta necesaria en relación a varios fines. Permítame mencionar tres de
ellos, en donde la apologética cristiana desempeña un papel vital en su
realización.
1. Moldear la cultura. La apologética es
útil, y bien puede ser necesaria, para que el Evangelio sea oído de
manera efectiva en la sociedad occidental de hoy. En general, la cultura
occidental es profundamente post-cristiana. Es el producto de La
Ilustración, la levadura del secularismo, que se introdujo en la cultura
europea y que ha permeado, hasta ahora, toda la sociedad occidental. El
sello de La Ilustración fue "el libre pensamiento", esto es, la
búsqueda de conocimiento, a través y solamente de la razón humana, sin
límites. Si bien, de ninguna manera se puede evitar que tal búsqueda
lleve a conclusiones no cristianas, y aunque la mayoría de los mismos
pensadores originales de La Ilustración eran teístas, el abrumador
impacto de la mentalidad de La Ilustración ha sido que los intelectuales
de occidente no consideren que el conocimiento teológico sea posible.
La teología no es una fuente genuina de conocimiento y por lo tanto no
es ciencia. Es así que la razón y la religión están en conflicto. Lo que
de la ciencias naturales resulte se ha de tomar como guías
autoritativas para nuestro entendimiento del mundo, y la confiada
suposición es que la descripción del mundo que emerja de las ciencias
genuinas es una descripción completamente naturalista. La persona que
siga la búsqueda de la razón sin temor a su final será ateo o a lo más,
agnóstico.
¿Por qué son importantes estas consideraciones de la
cultura? Simplemente porque el Evangelio nunca se escucha en
aislamiento. Siempre se le escucha en contra del trasfondo del ambiente
cultural en el que uno vive. Una persona educada en un ambiente cultural
en el que el cristianismo es todavía visto como una opción viable
intelectualmente mostrará una apertura al Evangelio, lo que una persona
secularizada no. ¡Para la persona secular es lo mismo si le dices que
crea en cuentos de hadas o duendes, como en Jesucristo! O para dar una
ilustración más realista, es como el que se nos acerque en la calle un
creyente del movimiento Hare Krishna y nos invite a creer en Krishna.
Semejante invitación nos parece bizarra, rara, incluso entretenida. Pero
para una persona en Bombay, tal invitación parecería, asumo, muy
razonable y sería una causa seria de reflexión. Me temo que en las
calles de Bonn, Estocolmo o París los evangélicos parecen casi tan raros
a las personas como los creyentes de Krishna.
Lo que nos espera
en Norteamérica, en caso de que la caída en el secularismo continúe
constante, ya es evidente en Europa. Aunque la mayoría de los europeos
retienen una afiliación nominal con el cristianismo, sólo el 10% son
creyentes que lo practican y menos de la mitad son de teología
evangélica. La tendencia más significativa en la afiliación religiosa
europea es el crecimiento de aquellos clasificados como "no religiosos"
de 0% de la población en 1900 a arriba del 22% hoy en día. Como
resultado el evangelismo es inmensurablemente más difícil en Europa que
en los Estados Unidos. Haber vivido por trece años en Europa, donde
hablé evangelísticamente en los campus universitarios por todo el
continente, puedo testificar qué tan dura es la tierra. Es difícil que
el Evangelio sea oído siquiera. Por ejemplo, recuerdo vívidamente que
cuando hablé en la Universidad de Porto en Portugal, los estudiantes
estaban tan incrédulos ante la posibilidad de un cristiano intelectual
con títulos de doctorado de dos universidades europeas, que sospechaban
que era realmente un impostor. ¡Incluso hablaron a la Universidad de
Louvain en Bélgica, donde era un investigador visitante, para confirmar
mi afiliación con la universidad!
EU sigue en cierta manera el
mismo camino, y Canadá está en algún punto intermedio. La caída de
Canadá en el secularismo ha sido abrupta. En 1900, los evangélicos
representaban el 25% de la población canadiense. Para 1985, cayeron
vertiginosamente a menos del 8% de la población. Mi experiencia, como
ponente en los campus universitarios por Canadá, me sugiere que Canadá
personifica un tipo de cultura centroatlántica más cercana hacia el
secularismo europeo que su vecino del sur. El pluralismo y el
relativismo son la sabiduría convencional en las universidades
canadienses. Lo políticamente correcto y las leyes que regulan el
discurso reprimen debatir respecto a temas de importancia ética y sirven
como armas para oprimir ideas e instituciones cristianas. La caída de
Canadá en el secularismo ilustra qué tan importante es mantener un
ambiente cultural comprensivo a la creencia cristiana para la
efectividad del evangelismo. Afortunadamente, los canadienses
evangélicos han revertido esta tendencia durante la última década. Pero
la cuesta arriba será mucho más difícil que el bajar, puesto que será
directamente en contra de una cultura que ha llegado a oponerse a la
cosmovisión cristiana.
Es por esta razón que los cristianos que
disminuyen el valor de la apologética, porque "nadie viene a Cristo a
través de argumentos intelectuales", tienen una vista muy corta. Ya que
la apologética se extiende más allá de un contacto evangelístico
cristiano. La tarea de la apologética tiene una mira más amplia para
ayudar a crear y mantener un ambiente cultural en el que el Evangelio
pueda escucharse como una opción intelectualmente viable para los
hombres y mujeres pensantes. El gran teólogo de Princeton, J. Gresham
Machen en su artículo "El Cristianismo y la Cultura", declaró
correctamente:
Las ideas falsas son los más grandes obstáculos
para la recepción del evangelio. Podemos predicar con todo el fervor de
un reformador y así sólo tener éxito en ganar una batalla rezagada aquí y
allá, si permitimos que todo el pensamiento de la nación sea controlado
por ideas que impidan al cristianismo ser considerado no más que una
falsa ilusión inofensiva.
Desafortunadamente, se hizo caso omiso
de la advertencia de Machen, y el cristianismo bíblico se retrajo en los
closets intelectuales del aislacionismo cultural, del cual hemos
empezado a volver a surgir sólo recientemente.
Ahora, las grandes
puertas de oportunidad se mantienen abiertas ante nosotros. Vivimos en
un tiempo donde la filosofía cristiana está experimentando un
renacimiento genuino, revitalizando la teología natural, en un tiempo
cuando la ciencia está más abierta a la existencia de un Creador
trascendental y Diseñador del cosmos que en ningún otro momento en
tiempos recientes, en una etapa donde la crítica bíblica se ha embarcado
en una búsqueda renovada del Jesús histórico, la cual trata a los
evangelios seriamente como fuentes históricas de valor para la vida de
Jesús y ha confirmado las líneas principales del retrato de Jesús que se
describe en los evangelios. Estamos bien equilibrados intelectualmente
para ayudar a volver a dar forma a nuestra cultura, de tal manera que
recobremos el terreno perdido para que el Evangelio pueda ser oído como
una opción intelectualmente viable para la gente seria.
Ahora
bien, puedo imaginarme a algunos de ustedes pensando, "¿No vivimos en
una cultura postmodernista en la que apelar a los argumentos de la
apologética tradicional ya no son efectivos? Ya que los postmodernistas
rechazan los cánones tradicionales de la lógica, la racionalidad y la
verdad, los argumentos racionales para la verdad del cristianismo ya no
funcionan. Más bien, en la cultura de hoy deberíamos simplemente
compartir nuestra narrativa e invitar a la gente a participar en ella".
En
mi opinión, esta forma de pensar no podría estar más equivocada. La
idea de que vivimos en una cultura postmoderna es un mito. De hecho, una
cultura postmoderna es imposible, no sería posible vivirla. ¡Nadie es
un postmodernista; cuando se trata de leer las etiquetas de un frasco de
medicina a una caja de veneno para ratas! ¡Más vale creer que los
textos tienen un significado objetivo! La gente no es relativista en
cuestiones de ciencia, ingeniería y tecnología, donde sí son
relativistas y pluralistas es en cuestiones de ética y religión. Pero,
adviertan que eso no es postmodernismo, ¡eso es modernismo! Eso es sólo
el ya bien establecido Positivismo y el Verificacionismo, éstos
sostienen que cualquier cosa que no puedas probar con tus cinco
sentidos, es sólo cuestión de gusto individual y expresión emotiva.
Vivimos en un ambiente cultural que permanece profundamente modernista.
De
hecho, pienso que el postmodernismo es uno de los engaños más
artificiosos que Satanás haya ideado. Nos dice "El modernismo está
muerto", "No necesitas temerle más. Ya olvídalo; está muerto y
sepultado". Mientras que el modernismo aparenta estar muerto, vuelve en
el traje elegante del postmodernismo, camuflageandose como un nuevo
contrincante. Se nos dice: "Tus viejos argumentos y apologética ya no
son efectivos en contra de ésta nueva llegada". "Déjalos de lado, no
sirven de nada. Sólo comparte tu narrativa". De hecho, algunos, cansados
de las largas batallas en contra del modernismo, dan la bienvenida al
nuevo visitante con alivio. Y así, Satanás nos engaña al dejar de lado
voluntariamente nuestras mejores armas; la lógica y la evidencia, y de
ese modo asegura inadvertidamente el triunfo del modernismo sobre
nosotros. Si adoptamos este curso de acción suicida, las consecuencias
para la Iglesia en la siguiente generación serán catastróficas. El
cristianismo se le reducirá a otra voz en la cacofonía de voces en
competencia, cada uno compartiendo su narrativa y ninguno recomendándose
a sí mismo como portador de la verdad objetiva de la realidad, mientras
que el naturalismo científico moldea la perspectiva de nuestra cultura
de cómo es realmente el mundo.
Ahora bien, esto va sin dejar de
mencionar, ciertamente, que al practicar la apologética debemos ser
relacionales, humildes, con una actitud invitadora; pero eso es
difícilmente una percepción original del postmodernismo. Desde el
principio los apologetas cristianos han sabido que debemos presentar
razones de la esperanza "con mansedumbre y reverencia" (1P. 3.15). Uno
no necesita abandonar los cánones de la lógica, la racionalidad y la
verdad para ejemplificar estas virtudes bíblicas.
Y en cuanto a la
idea de que la gente en nuestra cultura ya no está interesada o
sensible a la argumentación racional y la evidencia del cristianismo,
nada podría estar más lejos de la verdad. Si me permiten hablar de mi
experiencia, por más de veinte años he hablado evangelísticamente en los
campus universitarios en Norteamérica y Europa, compartiendo el
Evangelio en el contexto de presentar una defensa intelectual de las
verdades expresadas del cristianismo. Siempre concluyo mis pláticas con
un periodo largo de preguntas y respuestas. Durante todos esos años,
prácticamente nadie se ha levantado y dicho algo como: "Tu argumento
está basado en estándares chauvinistas occidentales de la lógica y la
racionalidad" o expresado algún otro sentir postmodernista. Esto
simplemente no sucede. Si abordas las preguntas a un nivel racional, la
gente responde a ellas a un nivel racional. Si presentas evidencia
científica o histórica para una verdad expresada del cristianismo, los
estudiantes incrédulos pueden argumentar contigo respecto a los hechos,
eso es exactamente lo que quieres, pero no atacan la objetividad de la
ciencia o la historia mismas. Si presentas un argumento deductivo a
favor de una verdad cristiana, los estudiantes inconversos pueden
levantar objeciones a tu conclusión o premisas, lo que es, otra vez,
precisamente donde la discusión debe centrarse, pero no se contiende del
uso de la lógica en sí.
Ahora, lo que si veo es que los
estudiantes pueden sospechar de un conferencista cristiano. Así que, a
ellos les gusta escuchar ambos lados del tema presentado. Por esta
razón, encuentro a los debates como un foro especialmente atractivo para
el evangelismo universitario. Competí por ocho años en actividades de
debate en preparatoria y universidad, debatiendo temas de interés
público como el programa de ayuda militar, control de paga y de precios
etcétera. Nunca pensé que algún día el debate se volvería una actividad
ministerial. Pero tan pronto como terminé mi doctorado teológico, empecé
a recibir invitaciones de grupos de estudiantes cristianos en Canadá
para participar en debates en temas como; "¿Dios existe?", "¿Jesús se
levantó de los muertos?", "El Humanismo vs. El Cristianismo", y así
sucesivamente. Y lo que he descubierto es que, mientras que unos cuantos
o tal vez unas doscientas personas vendrán a escucharme a dar una
plática en el campus universitario, varios cientos o incluso miles de
estudiantes vendrán a un debate donde puedan escuchar ambos lados. Por
ejemplo, 2,200 estudiantes en el campus universitario de Riverside
vinieron a escuchar mi debate con Greg Cavin tocante a la resurrección
de Jesús. En la Universidad de Wisconsin en Madison 4,000 los
estudiantes salieron, ¡en la noche de un partido de básquetbol!, para
escuchar a Antony Flew y a mí, debatir la existencia de Dios.
Simplemente, este Febrero pasado 3000 estudiantes en la Universidad de
Iowa desafiaron una tempestad de nieve, que descargó siete pulgadas de
nieve en el campus, para escuchar mi debate con un profesor
universitario de Estudios Religiosos, conocido por su enemistad mortal
hacia el cristianismo. Más tarde, en la primavera de este año, 3,000
estudiantes en la Universidad de Purdue salieron a escuchar el debate
que tuve con el joven filósofo humanista Austin Dacey tocante a la
pregunta "¿Dios existe?". El enfoque en todos estos debates es el
argumento racional y la evidencia. Hay tremendo interés entre los
estudiantes de escuchar una discusión balanceada de las razones en favor
y en contra de la creencia Cristiana.
Así que, no se dejen
engañar pensando que la gente en nuestra cultura ya no está interesada
en la evidencia del cristianismo. Precisamente, lo contrario es la
verdad. Es de vital importancia que preservemos una cultura en la que el
Evangelio se escuche como una opción viva para personas serias, y la
apologética estará a la vanguardia en ayudar para suscitar ese
resultado.
2. Fortalecer a los creyentes. No sólo la
apologética es vital en moldear nuestra cultura, sino que también juega
un rol vital en las vidas de las personas. Uno de esos roles será
fortalecer a los creyentes.
Jan y yo pasamos el verano de 1982
viviendo en un departamento en Berlín, preparándome para mis exámenes
orales de teología en la Universidad de Munich. Había estado
preparándome por más de un año para estos exámenes cruciales, tenía una
pila de apuntes de un pie de altura que había virtualmente memorizado y
revisado diario anticipadamente para el examen. Durante nuestra estadía
ahí, tuvimos el placer de tener como invitada a Ann Kiemel y a su esposo
Will mientras pasaban por Berlín. En ese tiempo Ann era una de las
oradoras cristianas más populares en los Estados Unidos. Era una persona
única que solía encontrarse con desconocidos y buscaba animarlos
entonando cancioncillas de forma improvisada y compartiéndoles su fe.
Era extremadamente sentimental y emocional. Contaba historias, algunas
de ficción, algunas reales, eso bastaba para hacer llorar a una
audiencia de mujeres en minutos.
Pues al sentarnos un día a la
mesa, pensé en tratar de aprender algunas lecciones de su experiencia.
"Ann" le pregunté, "¿Cómo te preparas para tus mensajes?", ella
respondió "¡Oh!, no lo hago".
Me quedé completamente perplejo. "¿No te preparas?" le dije.
"No", respondió.
Me quedé absolutamente pasmado. "Bueno, entonces ¿qué haces?" le pregunté.
"Oh, sólo comparto mis luchas."
No
podía creerlo. Ahí estaba yo matándome en años de preparación en el
ministerio, y ¡ella no se prepara! Sin embargo no cabía duda de su
efectividad. Alcanzaba a miles de personas con el Evangelio. Contaba
historias de cómo incluso académicos de un carácter fuerte se ablandaban
por sus cancioncitas e historias y venían a Cristo. Llegué a pensar,
"¿Por qué hacer todo esto, cuando todo lo que necesitas hacer es
compartir tus luchas?"
Regresamos a los Estados Unidos ese verano
para hacer un sabático en la Universidad de Arizona en Tucson, donde
vivía un antiguo amigo. Un día compartí con él la conversación que tuve
con Ann y le dije cómo aquello me había realmente bajado los ánimos. Él
me dijo algo que fue muy tranquilizador. Me dijo "Bill, algún día esas
personas a quienes Ann Kiemel ha traído al Señor, van a necesitar lo que
tienes que ofrecer".
Él tenía razón. Las emociones te llevarán
sólo hasta ahí, y entonces necesitarás algo más substancial. La
apologética provee algo de esa substancia. Al hablar en las iglesias por
el país, frecuentemente me encuentro a padres que se me acercan después
del servicio y dicen algo como: "¡si sólo hubiera estado aquí hace dos o
tres años!" "Nuestro hijo (hija) tenía preguntas respecto a la fe que
nadie en la iglesia podía contestar, y ahora ha perdido su fe y está
lejos del Señor".
Me rompe el corazón conocer a padres así. Al
viajar, también he tenido la experiencia de conocer a otras personas que
me han dicho cómo evitaron ser apóstatas por leer un libro de
apologética o ver un video de un debate. En estos casos, la apologética
ha sido el medio por el que Dios ha causado su perseverancia en la fe.
Ahora bien, desde luego, la apologética no puede garantizar la
perseverancia, pero puede ayudar y en algunos casos puede, con la
providencia de Dios, hasta ser necesaria. Recientemente tuve el
privilegio de hablar en la Universidad de Princeton respecto a los
argumentos a favor de la existencia de Dios, y después de la conferencia
se me acercó un joven que quería hablar conmigo. Obviamente tratando de
contener las lágrimas, me dijo cómo hacía un par de años había estado
luchando con dudas y estaba a punto de abandonar su fe. Alguien le dio
un video de uno de mis debates. Me dijo, "Ese video me salvó de perder
mi fe, no puedo agradecerle lo suficiente".
Le dije, "Fue el Señor quien te salvó de caer".
"Sí",
contestó, "pero él lo usó a usted. No tengo cómo agradecerle". Le dije
cuan emocionado estaba por él y le pregunté por sus planes a futuro. "Me
voy a graduar este año", me dijo, "y pienso ir al seminario. Voy al
pastorado". ¡Alabado sea Dios por la victoria en la vida de este joven!
Otros
estudiantes que conocí en Princeton se enrolaron en una clase que se
impartía por el crítico del Nuevo Testamento, Elaine Pagels, la cual
apodaban "La clase del destructor de la fe" por su efecto destructivo en
la fe de muchos estudiantes cristianos. No tenían forma de saber qué
tan distante estaban los puntos de vista del catedrático Pagels de la
corriente principal de erudición tocante a los evangelios gnósticos. Fue
un privilegio compartir con ellos las bases para la credibilidad del
Nuevo Testamento, el cual atestigua de Jesús.
Su experiencia no es
inusual. En la preparatoria y en la universidad a los jóvenes se les
ataca con todo tipo de cosmovisiones no cristianas, aunado a ello el
agobiante relativismo. Si los padres no se ocupan intelectualmente de su
fe y no tienen argumentos sólidos a favor del teísmo cristiano y buenas
respuestas para las preguntas de sus hijos, entonces estamos en un
peligro real de perder a nuestra juventud. Ya no es suficiente enseñar a
nuestros hijos historias de la Biblia simplemente, necesitan doctrina y
apologética. Es difícil entender cómo es que la gente hoy en día puede
arriesgar el ser padres sin haber estudiado apologética.
Desafortunadamente,
también nuestras iglesias han dejado caer la bola en esta área. Es
insuficiente para los grupos de jóvenes y las clases de escuela
dominical enfocarse en pensamientos devocionales entretenidos. Debemos
entrenar a nuestros niños para la guerra. No nos aventuremos pues a
enviarlos a escuelas de nivel medio superior o a la universidad armados
con espadas de hule y armaduras de plástico. El tiempo para jugar ya
pasó.
Pero la apologética cristiana hace más que salvaguardar de
los errores. Los efectos positivos de construcción del entrenamiento
apologético son todavía más evidentes. Esto lo veo todo el tiempo en los
campus universitarios cuando estoy en debate. John Stackhouse me hizo
notar que estos debates son realmente una versión occidentalizada de lo
que los misiólogos llaman "un encuentro de poder". Creo que eso es un
análisis perspicaz. Los estudiantes cristianos se salen de estos
encuentros con una confianza renovada en su fe, ponen sus cabezas en
alto, orgullosos de ser cristianos, y más atrevidos al hablar de Cristo
en su campus. A veces después de un debate los estudiantes dirán, "¡No
puedo esperar más para compartir mi fe en Cristo!"
Muchos
cristianos no comparten su fe con los incrédulos simplemente por temor.
Tienen miedo de que los incrédulos les hagan preguntas o levanten
objeciones que no puedan contestar. Así que, deciden permanecer callados
y así esconder su luz debajo de un almud, en desobediencia al mandato
de Cristo. El entrenamiento apologético es una tremenda ayuda para el
evangelismo, pues nada inspira más confianza y audacia que saber que uno
tiene buenas razones para lo que uno cree y buenas respuestas a las
preguntas y objeciones típicas que el incrédulo pueda plantear. Un
entrenamiento sano en apologética es una de las claves para el
evangelismo sin temor.
En ésta y en muchas otras maneras la
apologética ayuda a construir el cuerpo de Cristo, al fortalecer a los
creyentes de manera individual.
3. Evangelizar a los incrédulos.
Pocas personas estarían en desacuerdo conmigo de que la apologética
fortalece la fe de los creyentes cristianos. Pero muchos dirán que la
apologética no es muy útil en el evangelismo. "Nadie viene a Cristo a
través de argumentos", te dirán. (No sé cuantas veces he escuchado decir
esto).
Ahora, esta actitud de falta de interés hacia el rol de la
apologética en el evangelismo ciertamente no es el punto de vista
bíblico. Conforme uno lee los Hechos de los Apóstoles, es evidente que
fue el procedimiento estándar de los apóstoles para argumentar a favor
de la verdad del punto de vista cristiano, tanto con los judíos como con
los paganos (ej. Hechos 17.23, 17; 19.8; 28.2324). Al tratar con
audiencias judías los apóstoles apelaban a la profecía cumplida, los
milagros de Jesús, y especialmente a la resurrección de Jesús como
evidencia de que él era el Mesías (Hechos 2.22-32). Cuando confrontaron a
las audiencias gentiles, las cuales no aceptaban el Antiguo Testamento,
los apóstoles apelaron a la obra de Dios en la naturaleza como
evidencia de la existencia de un Creador (Hechos 14.17). Luego se apeló
al testimonio de los testigos de la resurrección de Jesús, para mostrar
específicamente que Dios se había revelado a sí mismo en Jesucristo
(Hechos 17. 30,31; 1Co. 15.3-8).
Francamente, pienso que aquellos
que consideran a la apologética como trivial, simplemente no hacen mucho
evangelismo. Sospecho que han tratado de usar argumentos apologéticos
en alguna ocasión y encontraron que la persona incrédula se mantuvo
escéptica. Luego llegan a la conclusión generalizada de que la
apologética no es efectiva en el evangelismo.
Ahora bien, hasta
cierto punto estas personas son sólo víctimas de falsas expectativas.
Cuando reflexionas que sólo una minoría de personas que escuchan el
Evangelio lo aceptarán y que sólo una minoría de aquellos que lo aceptan
lo hacen por razones intelectuales, no debería sorprendernos que el
número de personas con el que la apologética es efectiva es
relativamente pequeño. Por la misma naturaleza del caso, deberíamos
esperar que la mayoría de los incrédulos permanezcan sin convencer por
nuestros argumentos apologéticos, así como, la mayoría permanece
indiferente al predicarles la cruz.
Bueno, entonces, ¿por qué
preocuparse con esa minoría de la minoría con la que la apologética es
efectiva? Primero, porque cada persona es preciosa delante de Dios, una
persona por la que Cristo murió. Como un misionero, que fue llamado a
alcanzar algún grupo recóndito de personas, el apologeta cristiano tiene
carga por alcanzar esa minoría de personas que responderán al argumento
racional y a la evidencia.
Pero, en segundo lugar, y aquí es
donde el caso difiere significativamente del caso del grupo recóndito de
personas, este grupo de personas, aunque relativamente pequeño en
número, es enorme en influencia.
Una de estas personas, por
ejemplo, es C.S. Lewis. ¡Piense en el impacto que una sola conversión de
un hombre sigue teniendo! He visto que las personas que más se
identifican con mi trabajo apologético tienden a ser ingenieros, médicos
y abogados. Esas personas están entre las más influyentes en formar
nuestra cultura actual. Así que, alcanzar esta minoría de personas
producirá una gran cosecha para el Reino de Dios.
De cualquier
manera, la conclusión general de que la apologética es ineficaz en el
evangelismo es precipitada. Lee Strobel recientemente me comentó que ha
perdido la cuenta del número de personas que han venido a Cristo a
través de sus libros El Caso de Cristo y El Caso de la Fe. Y si se me
permite, tampoco ha sido mi experiencia el que la apologética sea
ineficaz en el evangelismo. Continuamente estamos emocionados de ver a
la gente entregar sus vidas a Cristo, a través de presentaciones
apologéticamente orientadas del Evangelio. Después de una plática a
favor de la existencia de Dios o evidencia a favor de la resurrección de
Jesús o una defensa del particularismo cristiano, a veces termino con
una oración para que entreguen su vida a Cristo, y las tarjetas de
comentarios indican aquellos que han registrado tal entrega. Apenas esta
primavera pasada, di un tour de conferencias en las universidades de
Illinois, y estábamos entusiasmados de encontrar que casi cada vez que
di esa presentación, los estudiantes tomaban decisiones para Cristo.
¡Hasta he visto estudiantes venir a Cristo sólo al oír una defensa del
argumento cosmológico kalam!
Uno de los casos más emocionantes fue
el de Eva Dresher, una física polaca que conocimos en Alemania poco
después de que terminé mi doctorado en filosofía. Conforme Jan y yo
hablábamos con Eva, llegó a mencionar que la física había destruido su
creencia en Dios y que la vida ya no tenía significado para ella.
"Cuando veo al universo todo lo que veo es obscuridad", decía, "y cuando
me veo a mí misma, todo lo que veo es obscuridad interior". (¡Cuán
triste declaración del predicamento moderno!) Bueno, en ese momento Jan
le ofreció, "¡oh, deberías leer la disertación doctoral de Bill! Usa la
física para probar que Dios existe". Así que le prestamos mi disertación
del argumento cosmológico para que la leyera. En los siguientes días
ella se mostró progresivamente más entusiasmada. Cuando llegó a la
sección de astronomía y astrofísica, ella estaba muy contenta. "!
Conozco a los científicos que estás citando!" exclamó asombrada. En el
momento que llegó al final su fe había sido restaurada. Ella dijo,
"gracias por ayudarme a creer que Dios existe".
Le contestamos,
¿Te gustaría conocerle de una manera personal? Entonces hicimos una cita
para volver a verla esa misma tarde en un restaurante. Mientras, de
memoria, preparamos nuestro propio folleto de Las Cuatro Leyes
Espirituales. Después de la cena abrimos el folleto y empezamos, "Así
como hay leyes físicas que gobiernan nuestro universo físico, así
también existen leyes espirituales que gobiernan nuestra relación con
Dios…"
"¡Leyes físicas! ¡Leyes espirituales!" exclamó. "¡Esto es
justo lo que necesito!" Cuando llegamos a los círculos al final que
representan dos vidas y le preguntamos qué círculo representaba su vida,
puso su mano sobre los círculos y dijo, "¡Esto es muy personal!, no
puedo contestar ahorita". Así que le animamos a que se llevara el
folleto a casa y le entregara su vida a Cristo.
Cuando la vimos el
día siguiente, su rostro se veía radiante de gozo. Nos dijo cómo se
había ido a casa y en la privacidad de su cuarto hizo la oración para
recibir a Cristo. Luego, tiró en la taza del baño todo el vino y los
tranquilizadores que había estado consumiendo. Era una persona
verdaderamente transformada. Le dimos una Biblia Good News (Buenas
Nuevas) y le explicamos la importancia de mantener una vida devocional
con Dios. Nuestros caminos se apartaron por varios meses. Pero cuando la
vimos otra vez, todavía estaba entusiasmada con su fe, y nos dijo que
sus posesiones más preciadas eran su Biblia y su folleto hecho a mano de
Las Cuatro Leyes Espirituales. Fue una de las ilustraciones más vívidas
que he visto de cómo el Espíritu Santo puede usar los argumentos y la
evidencia para atraer a la gente a un conocimiento de Dios que salva.
Ha
sido emocionante, también, escuchar historias de cómo la gente ha
llegado a Cristo por leer algo que he escrito. Por ejemplo, cuando
estaba dando conferencias en Moscú hace unos años, conocí a un hombre de
Minsk en Belorusia. Me dijo que poco después de la caída del comunismo
había escuchado a alguien leer en ruso por la radio de Minsk mi libro La
Existencia de Dios y el Principio del Universo. Al final de la
transmisión se había convencido que Dios existe y rindió su vida a
Cristo. Me dijo que hoy en día está sirviendo al Señor como anciano en
una iglesia bautista en Minsk. ¡Alabado sea Dios! Previamente, este año
en la Universidad A & M de Texas, conocí a una mujer que asistía a
mis conferencias. Me dijo con lágrimas en los ojos que por 27 años se
había alejado de Dios y se sentía desesperanzada. Curioseando en una
librería Border se topó con mi libro Por favor ¿Quiere ponerse de pie el
auténtico Jesús?, el cual contiene mi debate con John Dominic Crossan,
copresidente del radical Seminario de Jesús, y compró una copia. Dijo
que al leerlo, fue como si la luz simplemente viniera y le entregó su
vida a Cristo. Cuando le pregunté qué hacía, me dijo que era una
psicóloga que trabaja en una cárcel de mujeres en Texas. Sólo piensen en
la influencia cristiana que puede tener en un ambiente tan desesperado.
Si
me permiten, una última historia. Los últimos años, he tenido el
privilegio de estar involucrado en debates con apologetas islámicos en
varios campus universitarios en Canadá y en los Estados Unidos. Este
verano, temprano un sábado por la mañana, recibí una llamada telefónica.
La voz del otro lado de la línea dijo, "¡Hola! ¡Soy Sayd al-Islam
llamando desde Omán!" Pensé, "¡Oh, no! Me encontraron". Continuó
explicando que había secretamente perdido su fe musulmán y se había
vuelto ateo. Pero al leer varias obras apologéticas cristianas, las
cuales estuvo ordenando por Amazon.com, había llegado a creer en Dios y
estaba al borde de hacer un compromiso con Cristo. Estaba impresionado
con la evidencia de la resurrección de Jesús, y me había llamado porque
todavía tenía algunas preguntas que todavía necesitaba resolver.
Hablamos por una hora, y percibí que en su corazón él ya había creído en
Cristo; pero quería ser cuidadoso y asegurarse de que tenía la
evidencia en su lugar, antes de que tomara ese paso conscientemente. Me
explicó, "Usted entiende que no puedo decirle mi verdadero nombre. En
mi país debo llevar una vida doble, de otra manera me matarían." Oré con
él que Dios le siguiera guiando a la verdad, y nos despedimos. ¡Pueden
imaginarse cuan agradecido está mi corazón con Dios por usar estos
libros -¡y por el internet!-, en la vida de este hombre! Historias como
esas podrían multiplicarse, y claro está, nunca escuchamos la mayoría de
ellas.
Así que, aquellos que dicen que la apologética no es
efectiva con los incrédulos deben estar hablando de su limitada
experiencia. Cuando la apologética se presenta persuasivamente y se
combina de una forma sensible con el Evangelio y un testimonio personal,
el Espíritu de Dios concede usarla para traer a ciertas personas a sí
mismo. ¿La apologética es necesaria en esos casos? ¿Esas personas
habrían aceptado a Cristo de cualquier forma, aun sin escuchar los
argumentos? Creo que nos queda decir "¡Sólo Dios sabe!" Al menos, Dios
lo sabe si tiene conocimiento medio ¿no?. Podemos no saber el valor
verdadero de esas circunstancias contrafácticas de la libertad, pero
podemos y sabemos, por experiencia, que Dios usa la apologética en el
evangelismo para traer a las personas perdidas hacia Él.
Así que,
en conclusión, la apologética cristiana es parte vital del currículum
teológico. Aunque no es necesaria para garantizar la creencia cristiana,
sin embargo es, creo yo, suficiente para garantizar la creencia
cristiana y por lo tanto de gran beneficio. La apologética juega un
papel vital y tal vez crucial en moldear la cultura, fortalecer a los
creyentes y evangelizar a los incrédulos. Por todas estas razones, soy
totalmente entusiasta en cuanto a la apologética cristiana.
Copyrigth William Lane Craig
